La danza, una disciplina con condiciones inestables.


Cada 29 de abril, el Día Internacional de la Danza. Impulsado por el Consejo Internacional de la Danza y la UNESCO en honor a Jean Georges Noverre la mano libre del nepotismo, quién quitó las máscaras y simplificó los vestuarios y que pone en el centro una disciplina que, aunque universal, enfrenta condiciones laborales cada vez más inestables.

La escena internacional no es ajena a esta crisis. Casos como el del coreógrafo Akram Khan, quien ha señalado la fragilidad del financiamiento para compañías independientes, o las denuncias de bailarines tras recortes en instituciones europeas, evidencian que incluso en circuitos consolidados la estabilidad es limitada. La danza se mantiene visible, pero sostenida en proyectos temporales, residencias y fondos concursables.

En México, la situación es más aguda. Artistas como Diego Vega Solorza han señalado públicamente la falta de empleos formales y la dependencia casi total de convocatorias gubernamentales. Aunque instituciones como el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura mantienen programas de apoyo, estos no garantizan continuidad, sino dinámicas intermitentes que obligan a los creadores a competir constantemente por recursos limitados.

El resultado es una centralización cultural donde la producción depende del Estado, con poca participación del sector privado y escasa proyección internacional. La danza mexicana se produce, pero difícilmente circula con fuerza fuera del país, no por falta de calidad, sino por falta de estructura.

En este contexto, la celebración del 29 de abril deja de ser solo simbólica: exhibe una contradicción. La danza sigue siendo un lenguaje esencial, pero su desarrollo está condicionado por la precariedad. El reto no es solo celebrarla, sino generar condiciones para que quienes la sostienen puedan hacerlo con estabilidad

Comentarios

Entradas populares