Arte, palabra y memoria: intervenir desde la libertad
Por: Ana Moll, arte, palabra y memoria como intervención. Toluca, México.
En tiempos donde la palabra pública vuelve a convertirse en terreno de disputa, el reciente comunicado emitido por el Frente Unido de Periodistas Mexiquenses (FUPEM) abre una conversación necesaria sobre el presente y el futuro de la libertad de expresión en México.
Más allá de la coyuntura política o mediática, el posicionamiento refleja una preocupación legítima del gremio periodístico ante mensajes que pueden interpretarse como descalificación hacia determinados medios de comunicación, particularmente tras el llamado presidencial de “NO VER TV AZTECA”.
La democracia se fortalece cuando existen voces diversas, incluso aquellas con las que no se coincide. La crítica a los medios es válida dentro del debate público; sin embargo, cuando proviene desde espacios de poder, puede generar incertidumbre entre periodistas, reporteros y comunicadores que diariamente ejercen su labor bajo condiciones ya complejas. La libertad de expresión no implica unanimidad: implica garantizar que todas las voces puedan existir sin intimidación, censura o presión indirecta.
En el Estado de México, y particularmente en Toluca, durante los últimos años se han registrado avances importantes en materia de apertura informativa, acceso a la información y visibilización de causas sociales a través del ejercicio periodístico y cultural. Nuevos espacios independientes, medios digitales, colectivos artísticos y proyectos ciudadanos han convertido la palabra en una herramienta de memoria y resistencia. Hoy, el periodismo mexiquense no sólo informa: documenta, acompaña y construye comunidad.
Sin embargo, estos avances conviven con una realidad marcada por la incertidumbre. El gremio periodístico continúa enfrentando precariedad laboral, polarización política y discursos que pueden vulnerar la confianza social hacia los medios. En este contexto, defender la libertad de prensa no significa respaldar líneas editoriales específicas, sino proteger el derecho colectivo a informarse y a disentir.
Desde mi premisa Arte, Palabra y Memoria como Intervención, el debate adquiere una dimensión más profunda. El arte interviene donde el silencio intenta imponerse; la palabra reconstruye lo que el miedo fragmenta; y la memoria evita que la normalización de los ataques contra la prensa se vuelva costumbre. Intervenir, entonces, es asumir una postura ética frente al presente: nombrar, cuestionar y documentar.
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