Cuando la educación se vuelve privilegio

Mientras asociaciones de escuelas privadas anuncian que podrán continuar actividades pese a los cambios del calendario oficial de la SEP, millones de niños en México ni siquiera tienen la posibilidad de elegir. Para las familias con recursos, el problema es administrativo; para quienes viven al día, cada recorte, improvisación o modificación escolar significa más rezago, más abandono y más desigualdad.
El comunicado difundido por ANFE-ANEP deja claro que las instituciones privadas podrán “continuar dando el servicio” conforme a los contratos firmados con padres de familia. En otras palabras: quien pueda pagar, tendrá continuidad educativa. Quien no, deberá ajustarse a las decisiones de un sistema público cada vez más saturado y desigual.

La discusión no es menor. La SEP planteó reducir el ciclo escolar 2025-2026 de 185 días efectivos a poco más de 150, adelantando el cierre de clases al 5 de junio. La medida afectaría a más de 32 millones de estudiantes en educación básica y media superior.
Pero el golpe no cae parejo.

En México, las familias de bajos ingresos dependen completamente de la escuela pública no solo para la educación, sino también para la alimentación, el cuidado y la estabilidad cotidiana de sus hijos. Reducir semanas de clases implica dejar a miles de madres trabajadoras sin redes de apoyo y a millones de niñas y niños expuestos al rezago académico, al abandono escolar y, en muchos casos, a contextos de violencia.
Los antecedentes ya son alarmantes. En los últimos ciclos escolares se reportó la pérdida de más de 310 mil estudiantes de primaria pública; cerca de 193 mil abandonaron por completo sus estudios.  Aunque parte de esa cifra migró a escuelas privadas, la mayoría simplemente desapareció del sistema educativo.

Y detrás de cada niño que abandona la escuela hay una historia de pobreza, cansancio y abandono institucional.
Organizaciones civiles y especialistas han advertido desde hace años que la deserción escolar incrementa riesgos sociales graves: trabajo infantil, reclutamiento por grupos criminales, violencia doméstica y exclusión permanente. Investigaciones citadas por REDIM y Reinserta señalan que la falta de permanencia escolar es uno de los factores que facilitan la captación de menores por el crimen organizado. 

Por eso preocupa el mensaje que hoy se normaliza: que la educación puede flexibilizarse para unos y precarizarse para otros.
Mientras colegios privados anuncian continuidad académica, millones de estudiantes de escuelas públicas seguirán enfrentando salones sin maestros suficientes, altas temperaturas, infraestructura deficiente y programas inconclusos. La brecha educativa no se reduce; se institucionaliza.
Porque en México el verdadero privilegio ya no es solo estudiar: es poder terminar el ciclo escolar completo.
Y otra vez, los niños más pobres serán quienes paguen las consecuencias de decisiones tomadas lejos de sus aulas, de sus barrios y de su realidad cotidiana.
Y hay muchos que ya empiezan a juzgar y reírse de la nota y mi pregunta a ellos es: tienen hijos? Van en escuela pública? Tienen con quién dejarlos?
Antes de que me juzguen respóndanlo y luego hablamos...

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