El diablo viste a la moda y los que callan!
"El diablo viste a la moda"... tiene una potencia brutal porque habla de algo profundamente humano: la necesidad de creer que las palabras nacen espontáneamente del genio, cuando en realidad muchas veces son fruto de una conversación invisible entre quien habla y quien escribe. Y ahí es donde dije esa es la gran nota: desmontar el mito del “líder inspirador” para revelar a los arquitectos de la emoción pública.
siento que la película expone justamente eso: el sistema de voces prestadas a una persona: Miranda Priestly quién parece una mujer todopoderosa, pero detrás hay asistentes, editores, estilistas y personas que sostienen el discurso de la moda. No sólo le cargan las bolsas: le construyen el lenguaje, el relato, la autoridad, TODO! Pero seamos realistas qué persona idealizada en la actualidad no tiene un grupo de personas atrás de ella. Y no porque sea un tema actual eso ha sido toda la vida, y creo que de eso va esta película y también la nota claro.
“Las figuras públicas no sólo visten marcas: visten palabras ajenas.”
Los fantasmas que escriben la historia, la voz del personaje nunca viene sola, los otros autores del poder, quienes escriben el aplauso, "los invisibles" detrás del micrófono, esas palabras prestadas del poder que nunca o casi nunca reciben el reconocimiento, ese oficio de escribir para otros, porque nadie improvisa la historia, todos absolutamente todos tienen a sus arquitectos de discurso; solo pregúntele a chatgpt, Pero antes del chat ese ya existía toda una industria de las palabras ajenas, porque detrás del gran discurso siempre hay alguien borrado. Porque ellos escribieron la historia… pero otros se llevaron los aplausos, el reconocimiento, la gloria...
Ghostwriters les dicen a los olvidados del poder y la cultura porque son y han sido quienes escriben la emoción colectiva
Y si me voy a un tono más dramático, más artístico, más poético son:
“Los hombres y mujeres que escribieron la historia… sin firmarla”
Vivimos enamorados de la idea de que ciertos personajes “tienen el don de la palabra”, pero muchas veces detrás existe un ejército de escritores, asesores, dramaturgos, periodistas, poetas y estrategas.
Desde presidentes hasta celebridades.
Lo interesante y es que no necesariamente es un engaño. El discurso moderno funciona como una obra colectiva.
“La voz pública es quizá la más sofisticada de las ficciones contemporáneas.” (imagínate éste texto en rojo, no lo pude hacer. Pero si sabes escríbeme como)
Solo basta mirar atrás en la historia y ver casos bien interesantes como:
Ted Sorensen y John F. Kennedy
Sorensen fue considerado “el banco de sangre intelectual” de Kennedy. Participó en discursos históricos como el famoso “Ask not what your country can do for you…”. Y es claro Kennedy se llevó las palmas pero Sorensen? alguien se acuerda de él, alguien le hace justicia?
Peggy Noonan y Ronald Reagan
Peggy Noonan escribió algunos de los discursos más emotivos de Reagan, como olvidar el mensaje tras la tragedia del Challenger... Porque justo eso ella entendía que un discurso no sólo informa: consuela, ordena el caos, convierte el dolor en relato nacional.
(que no es lo que hacemos la mayoría de las mujeres?, bueno luego escribo de eso)
Michael Gerson y George W. Bush
Gerson ayudó a construir el tono moral y emocional de Bush después del 11 de septiembre. Y es que muchas de las frases que marcaron esa era salieron de su escritorio de Gerson
Ves por qué centrarme en el poder de este personaje qué tiene el don, sabiduría o sensibilidad para modificar guerras, emociones colectivas y hasta memoria histórica o colectiva.
Porque hoy el discurso es parte del espectáculo, de la política, del empresario y más ...
Los artistas agradecen premios con textos preparados, muy pocos improvisan.
Influencers tienen equipos de contenido.
Diseñadores de moda construyen manifiestos conceptuales Y para muestra la misma película.
Actores reciben coaching para entrevistas.
CEO's practican storytelling.
Campañas sociales tienen redactores emocionales.
Hasta las disculpas públicas son escritas estratégicamente, si no pregunta cuántas veces cambiaron el discurso sobre la dama en el balcón de Palacio Nacional.
The Devil Wears Prada o el Diablo viste a la Moda: no habla sólo de moda; habla de la fabricación de autoridad.
Miranda Priestly no domina únicamente la ropa: domina el relato sobre la ropa.
Y alguien siempre ayuda a escribir ese relato.
Hoy incluso la inteligencia artificial entra al terreno del ghostwriting político y cultural si no cuántos casos han sido exhibidos ya en redes sociales de personas que están dando argumentos con el mismísimo chatgpt de frente Y cómo les tiembla la boca cuando se sienten descubiertos.
Y ahí es donde entra mi conflicto existencial y emocional y del cual te quiero hacer partícipe y sobre todo quiero que te preguntes que cuestiones y también que me preguntes y cuestiones porque sino de qué sirve estar escribiendo todo esto...
“Si las palabras ya no pertenecen a quien las pronuncia, ¿a quién pertenece realmente la verdad pública?”
O que pasa si...
“Tal vez la historia nunca fue escrita por quienes salían al balcón, sino por quienes permanecían despiertos corrigiendo párrafos en silencio.”
Y es que cada quien entiende o entendió lo que quiso entender con esta película pero esto es lo que me dio vueltas y bueno ya spoileando un poco la verdad es que sí lloré, pero de eso hablaremos más tarde...
Por favor regálame tu crítica o algo, porque tardé mucho escribiendo esta nota y asentando estas ideas para compartirlo contigo.
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