"ESCULTOR DE FUEGO" RESUENA EN EL PARQUE MATLAZINCAS, FERNANDO CANO.


El emblemático Taller Fernando Cano enclavado en el corazón y pulmón verde de la capital mexiquense, el Parque Matlazincas "El Calvario" abrió sus puertas para rendir un emotivo homenaje al maestro Fernando Cano Cardoso, a ocho años de su trascendencia.
Convocados por Marthel Cano y auspiciados por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), decenas de amigos, familiares, creadores y autoridades universitarias se congregaron en una mañana lluviosa que, lejos de enfriar el ambiente, cobijó la memoria del "Vulcano" de Toluca.

El Taller Cano no es un museo estático; es un bastión donde la creación sigue latiendo. Entre el yunque, las mesas de trabajo, el horno rústico y la luz del ventanal donde alguna vez tomó el sol su entrañable gato gris "Vago", los asistentes revivieron la mística del escultor. El recuerdo del olor a cigarrillo y las tardes de tertulia y vino parecieron materializarse mientras las notas de Jacinto Cenobio y el jazz en vivo de la agrupación "Macondo" marcaban el ritmo del encuentro.
Bajo la mirada de un enorme rostro del maestro que observaba desde el "Olimpo de los creadores", la concurrencia admiró una exposición de sus dibujos y esculturas. La precisión anatómica de sus piezas en hierro y metal capaces de capturar la delicadeza de una mariposa, la fuerza de un caballo o la sutil torsión de un desnudo femenino volvió a asombrar a los presentes. En su obra, cada falange soldada y cada corte exacto reflejan sentimientos tan humanos que las figuras parecen estar a punto de salir corriendo, saltar o volar entre golondrinas.

Durante la intervención, se recordó la grandeza artística y la profunda calidad humana de quien fuera condecorado con el Doctorado Honoris Causa por la UAEMéx. Testimonios de la época en que se bautizó la galería principal de la máxima casa de estudios con su nombre, y se gestaron obras monumentales como "Humanismo que transforma" y "Humanitas", resonaron con fuerza:
"A Fernando no se le miraba trabajar: se le sentía. El metal no se sometía; dialogaba. Fernando Cano Cardoso no fue solo un escultor excepcional... fue un hombre capaz de escuchar al hierro hasta hacerlo hablar. El Vulcano, el escultor de fuego".

El evento contó también con una emotiva intervención del actor Noé Cruz, sumando la fuerza de la palabra escénica al homenaje del hombre que, con guantes de estambre y un vaso de ron, acicalaba lo inerte para darle vida y movimiento.
Comunidad reunida en torno al legado
Entre los amigos y aliados del arte que se dieron cita para arropar a Marthel Cano y refrendar que este legado pertenece a todos los toluqueños y mexicanos, destacaron figuras como Cynthia Ortega, Patricia Maawad, Malena Moreno, Alex Naime, Benito Nogueira Ruiz, César Alejandro Castro León y Juan Carlos Embriz Gonzaga.
Al cierre de la jornada, el eco de los aplausos dejó en claro que el Taller Fernando Cano sigue tan indomable y libre como el espíritu de su creador. ¡Larga vida al Taller Fernando Cano! ¡Viva el hombre llama!

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