Libertad de papel: Entre el eco de la ausencia y el peso de la palabra
Por: Ana Moll Presenta
Arte, palabra y memoria como intervención.
El periodismo en México es una paradoja que se camina a dos velocidades. Por un lado, están las jornadas de encuentro, los reflectores y los esfuerzos institucionales que buscan abrir necesarios espacios de visibilidad; por el otro, habita la cruda realidad de la tierra: el silencio de las redacciones periféricas y el estruendo del riesgo latente que condiciona nuestro oficio a lo largo y ancho del país.
Esta semana, en el marco del Día de la Libertad de Expresión, el Comité Promotor para la Protección del Periodista del Estado de México logró convocar a un diálogo urgente a través de la "Carrera por la Libertad de Expresión". Un encuentro que cobró una relevancia particular gracias al respaldo de actores clave de la vida pública local, quienes con su asistencia validaron la necesidad de voltear a ver al gremio, sumando voluntades desde diversos frentes.
En esa ruta se estrecharon manos institucionales indispensables. Ahí estuvo el cobijo de la academia con la rectora de la #UAEMéx, Martha Patricia Zarza Delgado representada con acierto por la directora de Comunicación Universitaria, Fernanda Valdés; el respaldo legislativo de la diputada de Movimiento Ciudadano, Ruth Salinas; el compromiso del quinto regidor del H. Ayuntamiento de Toluca, Armando Díaz; el impulso del empresario Rafael Dueñas; y la fuerza del comercio local a través de Elba Castaño García, representante de la Organización de Comerciantes Lázaro Cárdenas. Sus voluntades sumadas en el asfalto demostraron que la protección de la palabra debe ser, por fuerza, una agenda compartida entre sociedad, política, empresa, comercio y universidad. Un éxito colectivo que se agradece y se aplaude en su justa dimensión.
Sin embargo, mientras el eco de estos pasos resonaba en el Estado de México y se cruzaba la meta, la geografía nacional nos recordaba su rostro más amargo a solo unos kilómetros de distancia. Casi en paralelo, el nombre de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, recientemente privada de su libertad en Nanchital, Veracruz, se sumaba a la lista de la urgencia, el espanto y la ausencia.
Ahí radica la profunda fractura que nos toca sanar. Nos hemos acostumbrado a un entorno que se satura de simulaciones, de "amigos" de banqueta y de colegas que miden el valor de un periodista bajo el molde rígido de la nota diaria o la conveniencia del momento, desestimando cualquier enfoque que intente mirar el entorno desde el arte, la palabra y la memoria como una verdadera intervención social. Son los mismos que se apresuran a descalificar cuando no compartes su misma liga, o los que usan la calumnia profesional para maquillar sus propias deudas morales y financieras.
Pero el verdadero periodismo no se valida en las pasarelas de la complacencia ni en las falsas alianzas. El periodismo que se siembra desde la raíz entiende que la memoria no es una fecha fija en el calendario para el cumplimiento de un protocolo; es un acto de resistencia colectiva. La celebración y el esfuerzo de quienes encabezan los organismos de defensa no es mínima, pero debe ser también un espejo incómodo. El verdadero reto para los convocados, para las instituciones y para nosotros mismos no es cruzar la meta de un evento de fin de semana, sino sostener la mirada ante la crisis que nos devora en el día a día.
No somos iguales. No todos buscamos la misma validación ni medimos el éxito con la misma vara. Mientras la hipocresía social intente condicionar el valor de las personas, la palabra tendrá que seguir siendo el escalpelo que sacuda la comodidad.
Hoy, más que celebrar una libertad que el contexto nacional aún nos debe, hay que usar la palabra como intervención. Para honrar los esfuerzos de quienes construyen puentes como los aliados presentes en esta jornada, para marcar distancia de los que traicionan por interés, y sobre todo, para hacer un llamado urgente a la colectividad. Porque así, solo así, sumando las voces como todos los líderes que nos anteceden nos han enseñado, podremos romper el silencio. Solo así haremos que los compañeros del gremio ausentes... ¡hoy vuelvan!
Porque la libertad de expresión no solo se corre; se defiende, se padece y se siembra todos los días desde la trinchera de la congruencia porque incluso al expresar estas líneas ya estoy defendiendo mi libertad de expresión y como yo, todos!
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