​Periodismo de Campo

Por Ana Moll

"​El verdadero peligro de los movimientos que prometen transformaciones absolutas es que, tarde o temprano, terminan calcando los manuales del pasado que juraron destruir. En Toluca, la copia está saliendo defectuosa."


​La política local padece de amnesia selectiva. Quienes hoy ostentan el poder municipal se esfuerzan por presentarse como la vanguardia de una nueva era, pero basta caminar el territorio con un poco de memoria para notar el parecido: Morena ha adoptado, punto por punto, las viejas políticas de control social y asistencialismo que el PRI operó durante décadas. La activación de cuadra, el taller de la tarde y el condicionamiento sutil del apoyo económico no son inventos recientes; son páginas del manual clásico del siglo pasado.

​Sin embargo, en este espejo histórico hay un contraste técnico brutal. El viejo sistema, con todos los errores y excesos que la historia ya juzgó, tenía una escuela de administración e infraestructura: construía las redes federales, las escuelas, los hospitales y los cimientos institucionales que hoy sostienen al estado. La versión actual ha copiado el control de masas, pero ha olvidado la gestión de fondo. Se arman grandes fiestas inaugurales de relumbrón, pero los cimientos quedan endebles.

​Lo hemos documentado en la crónica municipal: gestiones y espacios —como los que en su momento pasaron por miradas como la de Berta Valestra, o las promesas hechas a sectores vulnerables y periodistas independientes— que se anuncian con bombo y platillo, pero que al cabo de unos meses quedan operativamente vacíos o en el abandono estructural. De nada sirve la cercanía de la banqueta si las carreteras que conectan a nuestra producción están destrozadas y el sistema educativo sufre un desmantelamiento que hipoteca el futuro de las próximas generaciones.

​Morena tiene hoy una oportunidad de oro en el municipio. Tienen los recursos y tienen el aparato federal de su lado. Es momento de que se pongan las pilas y demuestren si realmente representan ese cambio profundo que la ciudadanía demandó en las urnas, o si simplemente se van a quedar en la superficie del activismo cosmético.

​Gobernar no es simular; es sostener. Si la actual administración no es capaz de dotar de sostenibilidad, presupuesto real y permanencia a sus proyectos, estará firmando su propia declaración de incompetencia, abriendo de par en par la puerta para que la experiencia técnica y la memoria institucional regresen a ordenar la casa.

​La verdadera vinculación ciudadana no se logra comprando conciencias en la fiesta del momento, sino devolviendo la autonomía a través de la intervención real. Sin embargo, cabe cuestionar: ¿cómo va a haber una intervención real cuando las instituciones han sido desmanteladas y han sido puestos personajes a modo que ya por todos lados han sido evidenciados? Ante este panorama, solo unos cuantos son los que pueden ver la realidad de fondo; una ceguera que no se rompe por una influencia meramente mediática o de conveniencia política, sino a través de un análisis profundo, histórico y real.

La crónica apenas comienza...

Firma e Identidad:

Ana Moll... Arte, palabra y memoria como intervención.

Cronista e Investigadora Independiente.

Comentarios

Entradas populares