Sostener la vida a costa del cuerpo: La urgencia de legislar el cuidado en el Estado de México
Por: Ana Luz Carbajal arte, palabra y memoria como intervención.
El engranaje económico y social del Estado de México no se mueve únicamente en las zonas industriales de Toluca o Lerma, ni en el asfalto de sus vialidades conectadas a la capital del país. Se sostiene, en silencio y desde el ámbito privado, en las salas y alcobas de millones de hogares mexiquenses. Ahí, donde la vida se cuida de forma no remunerada, se subsidia el desarrollo de nuestra entidad. Por ello, el análisis que comisiones unidas de la LXII Legislatura local realizan sobre la iniciativa de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez para expedir la Ley del Derecho al Cuidado Digno del Estado de México y sus Municipios no es un debate parlamentario ordinario; es el reconocimiento tardío de una deuda histórica y humana.
Históricamente, el cuidado ha sido una carga asignada por género. Los datos oficiales expuestos en el Congreso no hacen más que poner cifras a una realidad lacerante: las mujeres en la entidad dedican hasta 40 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados, frente a escasas 18 horas de los varones. Y eso lo puedo hablar desde la experiencia, que salvo contadas ocasiones tengo el apoyo de alguien externo, y checando en las redes existen casas de cuidado diario, sin embrago existimos madres de cuidado de tiempo completo, que entendemos la responsabilidad de las que tienen esta responsabilidad de maternar y generar el ingreso diario del hogar.
Si miramos al pasado, este desequilibrio hunde sus raíces en la herencia colonial y decimonónica que confinó a la mujer al espacio doméstico bajo el mito del "amor incondicional", despojando a su labor de cualquier valor económico. Sin embargo, la economía contemporánea demuestra lo contrario: en términos de valor promedio, esta actividad inyectó 8.4 billones de pesos a la riqueza nacional en mediciones recientes. Sin el trabajo de miles de madres e hijas mexiquenses, la dinámica productiva y social del estado simplemente se detendría. El cuidado ha sido el motor invisible del capital.
El costo humano: Desgaste físico y desamparo y aclaro, ésto es lo que miles de madres vivimos día a día. sin aveces un circulo de protección o apoyo.
Más allá de las macrocifras, el pulso humano de esta problemática radica en el desgaste de quienes sostienen el sistema. Según datos del INEGI vertidos en la discusión legislativa, ocho de cada diez familias mexiquenses cuentan con un integrante que requiere atención, y lo más grave: siete de cada diez personas cuidadoras presentan ya algún daño físico o mental derivado de esta labor extenuante.
Cuidar en el Estado de México ha significado, hasta ahora, enfermar en el desamparo. Significa renunciar al libre desarrollo, al empleo formal y a una vejez digna por atender el nacimiento, la enfermedad o la muerte de los otros.
El reto crítico: Del papel al presupuesto real
El papel aguanta todo, pero la justicia social requiere presupuesto. Aunque funcionarios estatales como Pablo David Díaz Muñiz (coordinador del Sistema Integral de Cuidados) y Diego Leonel Tenorio Vargas (titular técnico del DIFEM) sostienen que la norma busca optimizar recursos dispersos y que no generará presiones presupuestarias severas, la mirada crítica de la oposición, en voz de la diputada Ruth Salinas Reyes (MC), pone el dedo en la llaga: para que el Sistema de Cuidados funcione, el presupuesto debe ser progresivo, suficiente e irreversible.
No basta con enunciar el derecho. Si los municipios que son el primer contacto con la ciudadanía no reciben los recursos etiquetados para instalar y operar sus propios sistemas locales, la ley corre el riesgo de convertirse en una hermosa declaración de buenas intenciones. Asimismo, la propuesta del diputado Maurilio Hernández González para abrir este debate a un Parlamento Abierto es indispensable; la ley no puede construirse sólo desde las oficinas gubernamentales, debe escuchar a las colectivas de cuidadoras que conocen el territorio.
Legislar el cuidado es un acto de memoria y dignidad. Es entender que cuidar es, en esencia, proteger la vida en todas sus etapas. El Congreso mexiquense tiene la oportunidad histórica de romper la inercia del abandono y garantizar que quienes sostienen el mundo, también tengan un Estado que las sostenga a ellas.

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