Carta de un militante en el olvido.A la dirigencia del Comité Directivo Estatal del PRI.



A la opinión pública
Escribo estas líneas no desde el rencor ciego, sino desde el dolor profundo que causa la decepción. El dolor de ver cómo el partido al que le entregué mis convicciones, mi tiempo y mi esfuerzo sigue cometiendo los mismos errores de siempre, fingiendo una renovación que solo existe en sus discursos y en sus boletines de prensa.
Mi indignación tiene una fecha muy clara: el 22 de junio de 2025. Ese día solicité formalmente una cita para ser escuchado por la presidencia estatal. Ha pasado más de un año. Un año entero de silencio, de puertas cerradas, de llamadas ignoradas y de un desdén absoluto. Sin embargo, la ironía de este sistema tan desgastado se hizo presente hoy: tras meses de ignorarme, finalmente me buscaron. Pero no para darme la cita, no para escuchar mis propuestas ni para atender las necesidades de la comunidad; me buscaron únicamente para condicionarme a asistir a un mitin.
¿Cómo pretenden que acuda a aplaudir? ¿Cómo esperan que me sienta orgulloso o tomado en cuenta, cuando la realidad es que solo nos buscan cuando necesitan llenar una foto o abultar un evento?
Este caso personal es solo el reflejo de la gran tragedia del partido. En las delegaciones, en las colonias y en los seccionales, la historia siempre es la misma. Los que más roban, los que peor tratan a la militancia, los que ni siquiera apoyan a la gente, son los que siempre terminan en los mismos lugares de privilegio. Mientras tanto, la gente que verdaderamente trabaja, la que camina las calles y gasta la suela, se queda rezagada por años y años. Nos hemos quedado con las ganas de ver un cambio real, desilusionados porque a los leales siempre les tiran tierra, mientras que los cínicos y los que mejor saben lamer botas son los que escalan y se quedan con todo.
La farsa se sigue manteniendo. Se ha normalizado la humillación de la mayoría por el beneficio de unos cuantos. Hemos visto con vergüenza cómo en los seccionales se le dice a la gente: "Tú no tienes que hacer nada, solo regálanos tu INE y ya para que ganemos". Es una bola de complicidades que puede hacer ganar elecciones en colonias y delegaciones, pero jamás ganará el corazón del pueblo. No es política de la mano con la gente; es usar a la base como simple mercancía electoral.
Porque a la dirigencia y a los que se aferran a los cargos se les olvidó el valor más básico de la política: la humanidad. De todos los que hoy ocupan un puesto gracias al esfuerzo de las bases, ninguno es capaz de pararse en una colonia a dar un pésame a una familia en desgracia, ni a apoyar a un vecino que pasa hambre o que no tiene ni para los zapatos de sus hijos. Hay un egoísmo tan ciego en el municipal y en el estatal que los funcionarios no son capaces ni de darle un raite a un compañero militante que vive a dos cuadras de su misma colonia o delegación.
Si esa indiferencia y desprecio muestran hacia su propia gente, hacia los que estamos en la trinchera con ellos, ¿qué se puede esperar de lo que hacen con el ciudadano común al que pretenden convencer?
Hoy el PRI es un partido adolorido porque se niega a cambiar, atrapado en un clasismo rancio donde los de abajo nunca tienen derecho a subir. Y si hoy el país está como está, y si en su momento Morena ganó con tanta fuerza, la culpa es enteramente del PRI. La ciudadanía otorgó un voto de castigo que bien merecido se tenía. Mientras la dirigencia se encerraba en sus oficinas alfombradas, personajes como López Obrador fueron hasta la colonia más lejana, caminaron el barro y dieron la mano.
La gente que hoy le da el triunfo a Morena es la gente a la que ellos sí le brindaron el brazo, el apoyo real y, sobre todo, el apoyo moral que el PRI les negó. En la oposición se vio lo que en este partido jamás hubiese pasado debido a su soberbia: que una meserita pudiera llegar a ser senadora o gobernadora. En el PRI, las cúpulas jamás habrían permitido que alguien del pueblo, sin un apellido de abolengo o sin dinero, ocupara esos espacios. Prefirieron mantener las puertas cerradas y ahora pagan las consecuencias. Todo lo que ha pasado es el resultado directo de lo que el PRI no quiso hacer en su momento, y que, trágicamente, sigue sin hacer hasta la fecha.
No se puede rescatar un territorio ni ser la voz de las familias si primero no son capaces de mirar a los ojos y respetar a sus propios militantes. No asistiré a su mitin. No seré cómplice del cinismo que mantiene al partido en la ruina moral. Exijo el respeto que como militante de trabajo me he ganado, y no volveré a callar ante la simulación de una dirigencia que solo ve números donde hay dignidad.
Atentamente,
Un militante adolorido, pero con memoria.
P.D. JAMÁS DEJARÉ DE SER PRIÍSTA, PORQUE NO COMULGO CON MORENA. PERO ME DUELE MI PARTIDO.


*carta enviada vía inbox de Facebook.

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