martes, 8 de septiembre de 2026

El secuestro de las bases: cuando la grilla de a pie sepulta al verdadero militante



Hay una lectura equivocada en creer que la perversidad de la política mexicana habita únicamente en los cóncavos salones de las cúpulas partidistas. Si bien los dirigentes nacionales y estatales abren las puertas a los tránsfugas con visa permanente para el presupuesto como vimos recientemente con el salto de Evelyn Osornio del PRI al PAN y su arraigado linaje de poder en Toluca, el verdadero calvario de quien aspira a construir algo genuino muchas veces no viene de arriba, sino del fuego amigo de abajo.
A ras de suelo, en la militancia de pie, opera una maquinaria de supervivencia igual o más feroz. El problema crónico que aleja a muchos convencidos de partidos como el PRI o el PAN no es solo la cúpula que negocia candidaturas en lo oscurito, sino la fauna local: esos operadores de partido que llevan lustros atrincherados en pequeños cotos de poder territorial y que perciben cualquier liderazgo fresco o auténtico como una amenaza directa a su cuota de supervivencia.
A pequeña escala, las prácticas de bloqueo son cotidianas y mezquinas. Cuando un ciudadano o un cuadro con trabajo social real levanta la mano, se activa un sistema implacable de zancadillas perpetrado por los propios correligionarios de a pie. Se le margina, se le desacredita en los pasillos, se le niega el acceso a la información y se le bloquea el paso para evitar que alguien con talento o arraigo legítimo desplace a quienes llevan años viviendo del cargo o de la simulación de hacer política.
Ese es el verdadero desgaste que ahoga a los partidos. No solo es que las élites reciclen a los mismos apellidos de siempre, sino que la base militante, contagiada de un pragmatismo de supervivencia, termina reproduciendo las mismas mañas: vetar al que viene empujando fuerte, cuidar el metro cuadrado de influencia y cerrar el paso a los liderazgos que sí caminan las delegaciones y barrios.
Al final, este fuego amigo de la base y la puerta giratoria de las cúpulas terminan por vaciar de sentido cualquier discurso opositor. Si los partidos tradicionales no entienden que el freno al relevo generacional y a la justicia interna no viene solo de arriba, sino de los pequeños cacicazgos locales que operan a pie de calle, seguirán perdiendo la brújula, condenados a administrar escombros con los mismos rostros de siempre.

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